
Pero Hitler no se apaciguó. Quería que la cancillería para sí mismo. En enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller de Alemania. Pero eso no fue suficiente para Hitler tampoco. En febrero de 1933, Hitler culpó de un incendio del Reichstag a los comunistas (su verdadera causa sigue siendo un misterio) y convenció al presidente Hindenburg de firmar un decreto de suspensión de las libertades individuales y civiles, decreto Hitler utilizó para silenciar a sus enemigos políticos con falsas detenciones. A la muerte de Hindenburg en 1934, Hitler procedió a purgar a los camisas pardas (sus tropas de asalto), cuyo jefe, Ernst Roem, había comenzado expresando oposición a las tácticas de terror del Partido Nazi. Un plebiscito se celebró el 19 de agosto. Mediante la intimidación, y gracias al miedo a los comunistas, Hitler una mayoría del 90 por ciento, convirtiéndose entonces en dictador absoluto.
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